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¿Por qué me siento culpable al poner límites?

💜 Límites y culpa · 8 min de lectura

Hay una pregunta que escucho frecuentemente en las sesiones: "¿Por qué me siento tan mal cuando intento decir que no?". Y la respuesta, aunque compleja, suele estar profundamente conectada con nuestra historia personal y emocional.

La culpa como mensajera

La culpa no aparece porque estemos haciendo algo malo. La culpa aparece porque estamos haciendo algo que empieza a ser diferente. Diferente a lo que aprendimos, a lo que siempre se esperaba de nosotros, a lo que estamos acostumbrados a hacer para ser aceptados y queridos.

Cuando crecimos en entornos en los que nuestro valor estaba ligado a lo que dábamos a los demás — nuestra atención, nuestro tiempo, nuestra capacidad de resolver los problemas de otros — poner un límite se siente como una traición a ese rol, a lo que siempre se esperó de nosotros.

Lo que tenemos que empezar a comprender, es que poner límites, no es traicionar a nadie, es empezar a cuidarte, a quererte y a priorizarte.

¿De dónde viene esa culpa?

Muchas veces aprendimos que:

Estas creencias se instalaron tan profundamente que cuando decidimos poner un límite, algo dentro nuestro nos dice: "Estás fallando". “Sos mala persona”. “Sos egoísta”. Pero esa voz no es la verdad, solo es un patrón aprendido.

Poner límites no es dejar de amar

Una de las cosas más difíciles de comprender — y también una de las cosas más liberadoras — es que poner límites no es una agresión para con el otro. Es un acto de amor propio, porque el límite es nuestro, tiene que ver con nosotros, no con el otro. Y nuestro límite no excluye al amor por los demás.

Podés querer mucho a alguien y al mismo tiempo decir: "Esto me hace daño, no puedo seguir permitiéndolo". Podés amar a tu familia y necesitar poner distancia porque te sentís ahogada. Podés ser generosa con los otros, y también reservar algo para vos, o en algunos casos, incluso priorizarte.

¿Cómo empezar?

No se trata de pasar de poner cero límites a poner límites rígidos de un día para otro. El proceso tienen que ser gradual y requiere tener una mirada profunda con uno mismo. Algunas de las claves son:

A veces el alivio comienza cuando podemos ser escuchados, y poner en palabras lo que estamos sintiendo.

Si te sentís identificado con esto, no estás solo. Y no tenés que resolverlo solo. A veces tener un espacio donde hablar de lo que sentís puede ser el primer paso hacia una relación más amable con vos mismo.